El payaso miraba.
¿Payaso?Moví la cabeza y lo observé durante unos segundos. Era, efectivamente, un payaso. Llevaba una extraña bolsa con globos, globos con formas bonitas, globos de colores infinitos. Tenía ropa estridente y maquillaje en el rostro. El rojo rodeaba una boca pequeña, cuyas comisuras apuntaban hacia abajo. El blanco enmarcaba unos ojos cansados y vidriosos, así como el resto de una cara redonda.
Temí mirarlo demasiado. ¿Pensaría que me burlaba de el? (¿que pensás payaso?)
Fingí interesarme en lo que pudiera haber dfel otro lado de la ventana. Pero mis ojos se volvieron hacia el otra vez, rindiendose ante la curiosidad.
Los ojos, la boca.
El payaso estaba triste.
Siguió mi mirada con la suya, y en el momento en que clavó su mirada en la mia el mundo se derrumbó.
Está mal, todo está mal, los payasos no deberían estar tristes. No deberían. (te compraría todos esos globos con tal de que sonrías)El brillo del payaso hacía que todo lo demás se viera gris. La felicidad era gris si el payaso estab triste.
(¿Qué soy yo? ¿Un payaso feliz? ¿Un payaso triste?)
Quize abrazarlo, quize hablarle de cosas lindas.
Pero había llegado el momento de bajar del colectivo, de correr para no llegar tan tarde.
El payaso estaba sentado al lado de la puerta. Me miró, yo desvié los ojos y bajé.
Chau payaso.